¿Cómo estás? ¿Cómo va todo por allí? Por aquí vamos tirando
pero… te echo mucho de menos. Hace un año estábamos dándonos el último beso, la
ultima caricia antes de que marcharas hacia un lugar mejor.
Hoy, después de 365 días, sigo echando de menos muchas de
tus cosas…tu sonrisa, tus manos, tus besos, tus enfados a la hora de colocar
las mesas cuando coincidíamos todos en casa para celebrar algo, ver los
partidos del Sevilla FC o de tenis junto a ti…tantas cosas q ya no puedo hacer
junto a ti…
Recuerdo los últimos meses que estuvimos juntos. Me quedaba
en tu casa para comer, para cuidarte, ayudarte y para estar contigo. Los
primeros días de medicación fueron diferentes, especiales. No sé si por la
medicación o por otra razón pero estabas diferente, más cariñoso de lo normal.
Me acuerdo perfectamente que estando allí, junto con mis padres, discutí con mi
madre y, no sé porqué, me cogiste de la mano y con una sonrisa me dijiste q no
pasaba nada, en ese momento me sentí protegido por ti.
Me quedará la alegría de saber que, al menos, pude hacerte
feliz el día en que, con tu preocupación por mí, te dije que había aprobado el
carné de la moto. Nadie sabía que me examinaba ese día ni que estaba dando las
clases a escondidas, pero cuando supe que aprobé tuve que avisar a mi madre de
que iría a verte para darte la noticia. Hice la llamada porque tenía que
desahogarme un poco, ya que empezaba a hacerme la idea de que estabas
emprendiendo un camino que no tenía marcha atrás.
Fueron pasando los días y tus fuerzas no eran las mismas que
cuando, por ejemplo, salías en bicicleta
o no parabas de hacer cosas en la casa. Ibas apagándote poco a poco. Nuestras
conversaciones eran menos fluidas, más monosílabas que nunca.
Así fueron transcurriendo los días, unos mejores y otros no
tanto, hasta que llegó la hora de marchar. Tal día como hoy, sobre las 16h nos
llamaba tu pequeño para alertarnos de que te notaba raro, con una respiración
dificultosa. No lo dudé y, al igual que cuando tuviste una crisis, cogí el
coche y llegué en 10 minutos a tu casa, cuando normalmente se tarda el doble.
Los nervios eran patentes en los allí presentes. Como bien
decía tu hijo, estabas ya cansado de luchar. No sé cómo lo hiciste pero en esos
últimos momentos de lucha, sacaste unos instantes para la que fue nuestra
despedida. Abriste los ojos, dejándonos a todos asombrados de tu fuerza, pero
lo que no sabíamos es que despertaste para poder decirnos adiós mirándonos a
los ojos a cada uno de nosotros. Allí nos encontrábamos gran parte de la familia
y uno a uno fuimos dándote el beso que nunca se borrará de nuestros labios ni
de nuestras mejillas.
Al cabo de un rato te dejamos descansar de nuevo, pero no
querías irte sin que estuvieran juntos todos tus hijos y tu mujer. Como si
supieras que llegaría más tarde, esperaste a que llegara David para,
desgraciadamente, estar los últimos segundos con nosotros.
A las 00h19min de un 20 de agosto la vida de un matrimonio
y de una familia cambió. Se fue Don
Manuel Tejera Requena, mi abuelo, con quien tuve el placer de compartir 25 años
de su vida.
Desde aquí decirte que te sigo echando de menos abuelo,
cuidamos de la Anita
lo mejor que podemos pero siempre que entramos en tu casa es inevitable
acordarnos de ti.
Un año sin ti. Han pasado rápido los días, pero lo que no ha
pasado ni pasará es el cariño y amor hacia ti.
Te quiero abuelo, deseando y pidiéndote que, por favor,
cuides de todos los tuyos como siempre hiciste en vida.
Un beso enorme, Manué!
No hay comentarios:
Publicar un comentario